¿Por
qué se deprimen tantas mujeres?
Estrés y Cortisol
Muchos científicos
se han preguntado si existe alguna singularidad en la forma de heredar
la depresión, siendo más probable que un padre o un abuelo
deprimido pase esta predisposición para el trastorno a sus descendientes
femeninos que a los masculinos. La respuesta a esa pregunta, en base a
los estudios que rastrean historias familiares de depresión, pareciera
ser no. Las mujeres y los hombres con herencias similares tienen iguales
probabilidades de desarrollar el trastorno. De modo que para obtener un
cuadro completo de cómo se hereda la depresión no basta con
rastrear las historias familiares sino que también hay que considerar
las influencias medioambientales.
Kenneth S. Kendler
y sus colegas, del Colegio Médico de Virginia encontraron en un
estudio de 2.060 gemelas femeninas, que la genética podría
contribuir en cómo las mujeres responden a las presiones medioambientales.
Los investigadores examinaron a gemelas con y sin una historia familiar
de depresión; en ambos grupos, algunas gemelas habían sufrido
un trauma, como la muerte de un amante o un divorcio reciente. Hallaron
que entre las mujeres que no tenían una historia familiar de depresión,
los sucesos estresantes aumentaban en un 6% su riesgo a la depresión.
Pero el mismo riesgo aumentaba casi a un 14% entre las mujeres que sí
tenían una historia familiar de depresión. En otras palabras,
estas mujeres habían, aparentemente, heredado su tendencia a deprimirse
frente a una crisis.
Dado
que no se ha realizado un estudio similar con hombres, queda abierta la
pregunta de si la tensión medioambiental y el riesgo genético
a la depresión actúan recíprocamente y de modo similar
en ambos sexos. Pero se está haciendo una investigación para
determinar si los hombres y las mujeres generalmente experimentan cantidades
y tipos de tensión similares. Los estudios de hormonas claves indican
que no. Las hormonas no son nuevas para los investigadores de la depresión.
Muchos se han preguntado si los esteroides gonadales, estrógeno
y progesterona - cuyas fluctuaciones cíclicas regulan la menstruación
- exponen a las mujeres a un mayor riesgo a la depresión. Hay dos
maneras en que pueden hacerlo.
Primero, debido
a las diferencias entre los cromosomas X e Y, los cerebros masculinos y
femeninos se exponen a diferentes entornos hormonales en el útero.
Estas diferencias hormonales pueden afectar el desarrollo del cerebro de
manera tal que los hombres y las mujeres tengan, postnatalmente, diferentes
vulnerabilidades - y diferentes reacciones fisiológicas frente a
los estresores medioambientales. De hecho, los experimentos con animales
demuestran que las influencias hormonales tempranas tienen marcadas consecuencias
posteriores en el comportamiento aunque el fenómeno es por supuesto
difícil de estudiar en los humanos.
Segundo, el hecho
que los hombres y las mujeres postpuberales tengan niveles diferentes de
esteroides gonadales circulando, expone de algún modo a las mujeres
a un mayor riesgo frente a la depresión. La investigación
demuestra que las muchachas se vuelven más susceptibles a deprimirse
que los muchachos sólo después de la pubertad, cuando empiezan
a menstruar y experimentan flujos hormonales. Pero aun así, los
científicos nunca han podido establecer una relación directa
entre los estados emocionales y los niveles de estrógeno y de progesterona
en la sangre de las mujeres. Por ejemplo, Peter J. Schmidt y David R. Rubinow
del Instituto Nacional de Salud Mental informaron recientemente que las
manipulaciones de estrógeno y de progesterona no afectan el humor,
salvo en las mujeres que sufren serios cambios de humor antes de su menstruación.
Pero parece que
el estrógeno establece indirectamente el estado de depresión
preparando la respuesta del cuerpo frente a la tensión. En momentos
estresantes, las glándulas suprarrenales - ubicadas por encima de
los riñones y controladas por la glándula pituitaria en el
cerebro segregan altos niveles de una hormona llamada cortisol que aumenta
la actividad, entre otros, de los sistemas metabólico e inmune del
cuerpo. Durante el transcurso normal de los sucesos, la tensión
aumenta la secreción del cortisol, pero estos altos niveles producen
un efecto negativo de retroalimentación en la pituitaria, de modo
que los niveles de cortisol vuelven, gradualmente, a ser normales. |